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Un virus nuevo ha llegado a nuestras vidas: el Coronavirus o Covid-19. Desde el pasado diciembre, mes en el que se situó su origen en la ciudad china de Wuhan, se ha extendido a pesar de las barreras de contención. Aunque los gobiernos del mundo se están esforzando por reprimirlo, su capacidad de transmisión es muy elevada. En varios países se han tomado medidas sin precedentes, declarando estados de alarma nacionales y confinamientos de hasta 15 días que están siendo prorrogados. Un dato sorprendente es que India se ha unido a esta medida, dejando desoladas sus calles y afectando a 1.300 millones de personas.
Como consecuencia de la aparición de este virus cuya procedencia está aún por confirmarse (hay teorías que atribuyen su génesis al consumo de animales como el pangolín o los murciélagos), se están perdiendo vidas humanas, se está probando la capacidad de la ciudadanía para responder con energía y buena disposición a esta enorme contingencia y se está atestiguando la habilidad de los líderes políticos para gestionar este problema sanitario mundial.
Los aplausos atronadores dejan ecos de solidaridad en barrios, distritos, poblaciones, ciudades, países y continentes. En honor a los sanitarios que se dejan el pellejo por ayudar a sus amigos, vecinos y conciudadanos, cada día se asoman por sus balcones y ventanas miles de personas para agradecer el esfuerzo de estos profesionales, pero no sólo les palmotean a ellos, sino también a los Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, transportistas, fabricantes de artículos salvavidas, personal que atiende en los comercios y a todos los que continúan trabajando para los demás.
¿Qué consecuencias ha habido a nivel ambiental?
La polución ha descendido considerablemente en las ciudades a consecuencia de las cuarentenas decretadas. Las calles están en silencio. Sólo algún turismo o transportista quiebra el sigilo que impera en las urbes. Algún viandante con el carro de la compra o paseante con su perro deja huellas en las aceras. Se escucha el piar de los pájaros. Algo que hasta hace un mes era casi imposible percibir en muchos rincones.
En los grupos de WhatsApp algunos se preguntan si el Coronavirus ha nacido de un grito interno del planeta Tierra para restablecer un orden de calma, limpieza y paz. También se lo han preguntado científicos y ONG como "WWF", que en un artículo analiza el efecto de la pérdida de biodiversidad en la propagación de pandemias.
Según el periódico "The Guardian", un informe realizado por un experto de Estados Unidos cuyo nombre no desvela afirma que la mejor calidad del aire de estos últimos días en China ha podido evitar decenas de miles de muertes prematuras por contaminación.
La revista "Time" indica que el Covid-19 ralentizará la celebración de las cumbres climáticas y los líderes globales estarán menos pendientes de hacer compromisos: esta situación es "un desafío para el cambio climático en sus múltiples frentes. El Covid-19 ya ha interrumpido negociaciones cruciales de cara a la conferencia de Glasgow que será en noviembre y que podría determinar el éxito del Tratado de París en la reducción de emisiones".
Por tanto, los niveles inferiores de contaminación están teniendo un impacto positivo en las ciudades, aunque también hay otros efectos más adversos. Pero globalmente hay menor contaminación en los entornos con elevada concentración poblacional y en los ecosistemas.
Actualmente, los países más aquejados por el Covid-19 son China, Italia, España y Estados Unidos. Sin embargo, está afectando a centenares de países en todo el mundo, y en total se están registrando millones de infectados y cientos de miles de fallecidos.
Como el ser humano es capaz de encontrar soluciones, confiaremos en la inteligencia humana y en la unión de las personas para entonar un canto de armonía y declarar abiertamente que #juntospodemos, pero mientras tanto, #quédateencasa, por mi parte #yomequedoencasa, y más pronto que tarde #todoirábien.
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