Crítica de cine del largometraje “Ídolos”, protagonizado por Óscar Casas, Ana Mena y Claudio Santamaria
¿Os acordáis de “A tres metros sobre el cielo”, aquella película de carreras de motos ilegales con tintes hiperrománticos, protagonizada por Mario Casas y María Valverde? En esta ocasión, Mario Casas le da el relevo temático a su hermano Óscar Casas, que interpreta con profesionalidad a un piloto de carreras de motos.
Óscar Casas (Edu) es un piloto de categorías inferiores al que se le presenta la oportunidad de ascender a Moto2, pero la condición es que su entrenador sea su padre, con quien no tiene relación desde su infancia. Mientras tanto, conoce a su vecina Luna, tatuadora, interpretada por Ana Mena. Claudio Santamaria es el actor que da vida a Antonio Belardi, expiloto seis veces campeón del mundo y padre de Edu.
Los actores y actrices tienen la oportunidad de explorar un rango interpretativo amplio. Óscar Casas hace un trabajo remarcable con su personaje. Para meterse en el personaje de Edu, estuvo sometido a un duro entrenamiento físico para aprender aspectos como las posturas de los pilotos, además de seguir una dieta para llegar a tener un porte similar al de los reyes de los circuitos de motociclismo. También me han gustado Ana Mena, Enrique Arce y Claudio Santamaria, que forma un tándem potente junto a Óscar.
La película tiene bastante acción, una historia de amor que se va fraguando entre los protagonistas y escenas impactantes, sobre todo en las pistas. Habla de temas como el perdón a uno mismo y a los demás, el amor romántico y las segundas oportunidades. Pero también refleja los entresijos de los equipos y la forma de trabajar en el paddock.
Moto2 equivale a los antiguos 250 cc y actualmente todos los pilotos usan el mismo motor, de 765 cc, suministrado por Triumph. Es considerada una escuela para pilotos.
Creí que la historia romántica de Edu y Luna me iba a gustar de manera destacada sobre el resto de vínculos, pero su protagonismo está bastante equilibrado con la historia del piloto con su padre, que resulta particularmente interesante, incluso superando al relato amoroso.
El largometraje está rodado con calidad y contiene escenas inmersivas, muy adecuada para los fans de las motos GP, y sobre todo del motociclismo. Además, hay una sorpresa en los últimos 30 minutos de largometraje, donde el drama y la emoción se apoderan de los circuitos con una intensidad elevada a la enésima potencia. El rodaje se llevó a cabo en Motorland (Aragón, España), Montmeló, Italia, Japón y Circuito de las Américas (Austin), entre otros. La ambientación es propia de una competición exigente, y de un entrenador que no da respiro a su hijo.
Una película recomendable por la adrenalina que desprende, pero también porque la calidad de las intrahistorias es equiparable, y además reflexiona sobre temas humanos y emocionales, una combinación de acción y emoción con amor, motor y cilindradas.

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