¿Qué perspectivas hay cuándo somos adolescentes y tenemos sueños que cumplir? ¿Y si nuestro futuro termina siendo distinto al que planeábamos debido a circunstancias inesperadas? ¿Qué ocurre cuando tenemos que lidiar con algo injusto?
“Incontrolable” es un biopic basado en hechos reales, la historia de John Davidson, un adolescente británico, de 15 años, nacido en 1971, cuyo sueño era llegar a ser fichado por una buena universidad, gracias a su pericia como portero de fútbol. Un anhelo que se truncó debido al síndrome de Tourette.
Este fin de semana he visto dos biopic que me han impactado bastante: el de Michael Jackson, “Michael”, del que hablo más extensamente en el post anterior, e “Incontrolable”, otro biopic que desmenuza el síndrome de Tourette. No sabía sobre cuál escribir primero, ¿qué va antes, la gallina o el huevo? Ambas películas son remarcables, “Michael” porque es la vida del “Rey del Pop”, un largometraje dirigido por un especialista en entretenimiento, con LaToya Jackson, hermana de Michael Jackson, como productora. “Incontrolable” es otro biopic, una sorpresa inesperada de esas que llegan a tu vida, te sacuden y despiertan en ti mil emociones. Qué puedo decir, me pasé tres cuartas partes de la película riendo, llorando, riendo y llorando simultáneamente, y llorando de risa. Y eso que el tema no tiene gracia.
John Davidson es un escocés que fue condecorado en 2019 por la Reina de Inglaterra, Isabel II, con la Orden del Imperio Británico, por su extraordinaria vida, y lucha relativa al síndrome de Tourette, y a la necesidad de visibilizarlo y darlo a conocer para facilitar y extender su comprensión. A los 15 años, John descubrió que tenía el síndrome, pero eran los años 80, una época en la que no había apenas información ni mucho menos concienciación sobre una enfermedad con rasgos compulsivos. Quien la padece, puede llegar a decir algo inapropiado, insultar e incluso pegar a otros, pero lo hace sin querer, no lo puede controlar.
Los actores protagonistas, Robert Aramayo, que lo interpreta en su etapa adulta y Scott Ellis Watson, en la infancia, son excelentes. Con veracidad, responsabilidad, realismo y sentido del humor, llegan al corazón de quien lo ve. Pero también hay escenas duras, aviso para que no os llevéis una sorpresa.
Es un largometraje honesto, conmovedor, didáctico, que mantuvo mi atención durante las dos horas que duró, y despertó en mí muchas emociones, además de ayudarme a comprender mejor el síndrome de Tourette.
El Bafta 2026 a Mejor Actor se lo llevó Robert Aramayo, y con razón, porque hace un esfuerzo interpretativo muy tangible. A pesar de que tenía fuertes competidores, como Chalamet y DiCaprio, logró llevarse el premio, lo que da una pista de la complejidad de su interpretación y su buen hacer.
Al final de la película, descubres cuál es su situación actual de John y del síndrome, que por ahora no tiene cura conocida. Una donde, no obstante, hay cabida para la esperanza, porque los avances médicos y tecnológicos han sido relevantes en los últimos años.
Destaca la relación del protagonista con sus madres, la biológica, que se esfuerza por ayudarle hasta los veintipocos, y su segunda madre, que está más presente desde su juventud y abre su mundo a un sinfín de oportunidades. Me gustaría recalcar el gran valor del trabajo de las enfermeras, ya que ambas madres lo son, y gracias a ellas, en parte, John se convierte en un adulto socialmente reconocido y en una figura inspiradora.
El síndrome de Tourette, las circunstancias inesperadas, la valentía, la resiliencia, la divulgación, la esperanza y los avances médicos son temas patentes en este biopic.

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