¿Preferís los juguetes tradicionales, de trapo, o los electrónicos? ¿Cuál es vuestro personaje de “Toy Story” favorito? ¿Hasta qué edad deberían jugar los niños con muñecos? ¿A partir de cuándo deberían empezar a usarse las pantallas?
Vuelve “Toy Sory 5” con prácticamente los mismos juguetes, la misma estructura y protagonistas análogos. Todas las películas de la saga se parecen bastante, pero nunca te aburres. “Toy Story 5” no es una excepción.
Bonnie es la niña que adora a sus juguetes, especialmente a Jessie, la vaquera, a su caballo. Vuelven Woody, el vaquero, y Buzz, el astronauta, con muchas aventuras entretenidas para toda la familia.
La acción chispeante llena la pantalla. En esta quinta parte las protagonistas son las pantallas, las tablets. Los juguetes tradicionales quedan relegados a un segundo plano con la evolución de los tiempos. Los niños pasan horas frente a una pantalla llamada Lilypad, mientras mantienen contacto virtual con sus amigos. Pero la trama no es tan naîve ni amable.
La crítica subyacente, y no tan subyacente está presente. No sólo se trata de exponer lo que está sucediendo en la actualidad, sino también de explicar que se pueden dar comportamientos maquiavélicos, donde un grupo de niñas se burla de otra por no actuar como ellas. La idea de esconderse tras una pantalla y actuar impunemente.
Buzz Lightyear se multiplica en versiones electrónicas de sí mismo, mientras que Woody está más cerca de la mediana edad que de la juventud. Sorprende que después de 5 películas, las subtramas sigan teniendo tanto encanto como la primera vez. “Toy Story 5” sabe reinventarse sin perder su esencia, combinar muchos elementos tradicionales con otros novedosos.
Aunque recuerdo levemente que la cuarta película me impactó más, la animación sigue siendo impecable. Además, transmite un mensaje conmovedor basado en la inocencia, la nobleza y la diversión más primigenia. Los juguetes de trapo pueden convivir con los modernos, es una cuestión de entendimiento mutuo. Lo que queda claro es que es necesario limitar el número de horas frente a las pantallas. El largometraje conecta con el yo infantil de quien la ve.
TMBD




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