Cuando veis a un mantero en la calle, ¿os preguntáis cómo ha llegado hasta ahí? ¿El viaje que puede haber tras su llegada a España? ¿El coste físico, emocional y social que esconde su historia personal? Preguntas retóricas como estas se las hace Ousman Umar, el protagonista de origen africano del largometraje titulado “Viaje al país de los blancos”.
La búsqueda de una vida mejor es uno de los motivos que llevan a un migrante a recorrer largas distancias para alejarse de su país natal. El desconocimiento y la falta de información son dos handicaps que se infravaloran, dando lugar a circunstancias extremas.
La migración sucede cada día, implica a seres humanos, y esconde historias complicadas. Como la del ghanés Ousman, cuya bio se plasma en este largometraje español, basado en hechos reales, que explica el ciclo vital del protagonista desde su infancia hasta su etapa adulta.
El realismo con el que se cuenta la historia es característico. El relato es directo, no se anda por las ramas ni es lacrimógeno, aunque la última parte, emociona. Está contado cronológicamente, con ciertos flashblacks a la vida del protagonista en Ghana, junto a su padre y a su mejor amigo.
La lucha por integrarse en la sociedad española también se ve reflejada en esta historia. Ousman da sentido y propósito a su destino, y no se rinde, pese a las visicitudes. La temática ya se ha tratado anteriormente, sin embargo, conviene recordarla de vez en cuando, porque vivimos en un mundo globalizado, pero las oportunidades son diferentes si se nace en un país, o en otro.
Adú (2020) es una película que ejemplifica la migración por mar, donde el protagonista es un niño de 6 años llamado Adú que debe abandonar Camerún junto a su hermana. En el caso de Ousman, es una migración por mar y por desierto.
La música melodramática e intensa se puede apreciar en los títulos de crédito, al final de la película. En ocasiones, este aspecto técnico queda algo secundario, aunque me fijo más, sobre todo, me quedo a los créditos finales más rato, desde que asistí hace un par de semanas a un curso de música de cine de verano, dirigido especialmente a cinéfilos, que duró 2 horas y se dividió en 4 partes. Nos dieron un antifaz para escuchar la música con los ojos cerrados y mayor relax. Por ejemplo, hay bandas sonoras que suenan con determinados personajes, esto sucede con frecuencia en películas americanas. Y hay algunas canciones que sólo figuran al final del metraje, que incluso han ganado un Goya, como la que canta Rozalén en “La boda de Rosa”, titulada “Que no, que no”.
La migración, las bio, las historias personales, la superación, la supervivencia, la amistad y el apoyo de otras personas son aspectos remarcables en esta película española dirigida por Dani Sancho, y de la que no revelo más detalles porque es mejor verla para enterarse de los motivos que hacen la historia de Ousman Umar especialmente narrable.
Un abrazo.

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