Minions & Monsters (2026) es una oda de amor al séptimo arte. Un recorrido por la historia del cine americano e internacional donde se sustituye a los intérpretes de carne y hueso por minions, seres pequeños, amarillos, que llevan un peto vaquero, y se meten en líos.
Los personajes principales son los minions James y Henry, que se conocen y se hacen amigos. Junta a ellos hay una troupe que les acompaña en bloque. Como sólo emiten palabras guturales, los diálogos corren a cargo de otros personajes humanos.
El largometraje es un homenaje al cine, al mudo, al más clásico, pero también al de los años más recientes. El clásico se ejemplifica con “Casablanca”. Te das cuenta porque hay un pianista llamado Sam al que le piden que toque otra vez. A propósito, la archiconocida “tócala otra vez, Sam”, no fue la frase literal, aunque sea la que se ha difundido popularmente. El cine western también tiene cabida, incluso el cine de terror más moderno, compuesto por monstruos y alienígenas. También aparece un payaso que podría hacer referencia a “It”.
Emergen numerosos elementos cinematográficos como la cámara, la idea de director y productores, los sets de rodaje, Hollywood, los storyboards o los premios cinematográficos con forma de plátano, no olvidemos que en minionland no existen los Oscars como tal, sino su versión minionizada.
El ritmo del largometraje es bastante rápido, las aventuras se suceden sin tregua. La expresividad de los intérpretes de doblaje en español se agradece, sobre todo en lo que se refiere a secundarios, como la mujer guía de la exhibición que aparece los primeros minutos de película.
“Minions & Monsters” es claramente familiar, un poco infantil, con ciertas referencias adultas, y apta para todos los públicos. Por otra parte, si eres poco cinéfilo, puede que no repares en las referencias cinematográficas.
Hay un giro final divertido, ocurrente. Me ha gustado ese desenlace, que pone la guinda a un largometraje distraído. El hecho de que los minions emitan palabras, a veces comprensibles, y otras incomprensibles, puede que sea el mayor handicap, ya que, salvo que seas un apasionado del cine mudo, echas de menos diálogos más extensos y fluidos. Las comparaciones pueden ser arbitrarias, pero es un poco el contrapunto a largometrajes como “Antes del Amanecer”.
La sala no estaba completamente llena, aunque había varios padres con sus hijos. Esta película constituye una alternativa bastante aceptable para una cartelera que actualmente se caracteriza por recoger títulos terroríficos, como “Backrooms”, “Obsession” o “Posesión infernal: en llamas”. Últimamente abundan, por lo que se agradece cierta variedad.
Minions & Monsters es un “buscando a Wally” de cintas cinematográficas, un disfrute para los cinéfilos. Un derroche de cinefilia que supera cualquier expectativa, ya que podría afirmarse que esta entrega supera a las previas porque desborda amor al séptimo arte por todos sus poros.

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