¿Os gusta bailar? El baile es una de las formas de expresión más bellas que existen, un medio de conexión con uno mismo y con los demás. Alegría, tristeza, intensidad, pasión…son sentimientos susceptibles de ser comunicados a través de la danza.
Estel Díaz dirige su ópera prima española, “A fuego” con ilusión. Lola (Zoe Bonafonte) se adentra en “El Búnker”, una antigua central nuclear barcelonesa que está a punto de ser desmantelada, y el lugar de reunión donde bailan, hacen batallas musicales y fiestas clandestinas un grupo de jóvenes heterogéneo. Su objetivo es aclarar algunos puntos sobre el deceso de su hermano, Nico.
Si queréis llevar el ritmo en el cuerpo, os recomiendo este largometraje, donde tienen cabida desde el ballet clásico hasta el hip-hop, con coreografías variadas y que conecta muy bien con el público joven, y no tan joven. Porque en mi sala había espectadores de todas las edades y condiciones.
Zoe Bonafonte es la protagonista, una joven actriz que en estos momentos está de plena actualidad porque es secundaria en la película “El secreto del orfebre”, junto a Mario Casas y Michelle Jenner. Junto a ella, los otros intérpretes destacados son Marc Soler, Ruslana, Omar Banana y Miquel Melero.
Ruslana es un huracán con personalidad, como otros personajes, pero ella destaca especialmente, es otra triunfita del concurso musical español Operación Triunfo que ha decidido buscar un camino alternativo a la profesión de cantante, más transversal, demostrando habilidades extra. El resultado es un personaje rebelde, chulesco y apasionado.
La película deja un sabor agradable, aunque también agridulce, toca ciertas subtramas sensibles de manera superficial, destacando ante todo la música y el baile, transmite un mensaje relacionado con el perdón a uno mismo y a los demás, la esperanza en tiempos oscuros y el baile como arte y forma de evasión del mundanal ruido.
Es un largometraje entretenido, deja una huella de valor y permite reflexionar sobre temas como la amistad o el consumo de sustancias y sus consecuencias nefastas, que a veces comienzan con el uso eventual de calmantes para sobrellevar situaciones de presión. También de la importancia de darse cuenta a tiempo de que una circunstancia se nos puede estar yendo de las manos, o de pedir asistencia cuando se necesita. En cierta manera, tiene una arista de servicio social que puede ayudar a más de un adolescente o joven en situación delicada.
La ambientación es juvenil, la protagonista tiene 17 años, una edad similar a la mayoría de los intérpretes del largometraje. Hay cierto equilibrio entre interiores como casas, garajes y una escuela de danza, y exteriores en la calle, cualquier lugar es apto para bailar.
El baile, la música, la búsqueda de la verdad, la conexión, la confianza, la amistad y el perdón son cuestiones que salen a la superficie para ser analizadas, no desde la racionalidad, sino desde el sentimiento empático de unos personajes que en su mayor parte no llegan a los 25 años.

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