Los secretos de un rodaje suelen quedarse en el propio rodaje. Como afirma Esteban Martínez, el personaje de Javier Bardem en “El ser querido”, en los rodajes hay días buenos y días duros. Son unas semanas muy intensas en las que los intérpretes deben mantener la concentración y tomarse su trabajo en serio, no obstante, somos humanos, y ahí es donde radica el potencial factor incontrolable que puede alterar un proyecto.
Rodrigo Sorogoyen apela al cine, a la distinción y al refinamiento, unidos a la complejidad de las relaciones humanas, para dirigir “El ser querido”, exponiendo una relación entre un padre y una hija que están deseando reconciliarse, pero por parte de ella ebullen sentimientos de rencor e impotencia por una infancia con un progenitor ausente.
Las interpretaciones de Javier Bardem, como Esteban Martínez y Vicky Luengo, como Emilia Vera, son creíbles, excelentes. Bardem tiene gran presencia y aporta un cariz interesante a su personaje, mientras que Vicky es una compañera idónea cuya interpretación destaca por tener matices por doquier. Los secundarios también realizan un buen trabajo, destacando Raúl Arévalo, Raúl Prieto, Marina Foïs y Melina Matthews.
Destaca un plano secuencia al inicio de la película que abre el apetito literal y metafóricamente. Sentados en un restaurante, Bardem y Luengo conversan fluidamente sobre un proyecto cinematográfico en ciernes, y en ocasiones, sobre su situación personal. Resulta un encuentro creíble entre un padre que hace más de una década que no ve a su hija, con nerviosismo, cierta inseguridad y risas incómodas.
El largometraje es elegante, una oda al buen gusto, un homenaje al cine, al actual y al antiguo, con escenas en blanco y negro. Muestra cómo funciona un rodaje en sus entrañas, los enormes equipos humanos y técnicos que están involucrados en el proceso y cómo la personalidad del director, su carácter y su estilo a la hora de tratar al resto del elenco puede influir en el resultado de la película.
Sin embargo, desde la perspectiva de espectadora, me ha parecido una película lenta, parsimoniosa, a la que le falta un giro argumental, una sorpresa, algo que le reste ese aire costumbrista y le aporte impacto. Si estás habituado al cine de acción o a la tensión de un thriller, probablemente te parecerá que los minutos pasan a cámara bastante lenta. Por otro lado, hay alguna escena rompedora en la película, por ejemplo, una muy divertida donde en cuestión de segundos, un ambiente distendido y jocoso se transmuta en la escena más cruel, quizá sea el mayor punto de giro del largometraje.
La fotografía es espectacular en lo referente a paisajes, ya que está rodada en desiertos de Fuerteventura, que supuestamente es el Sáhara, y hay planos aéreos grandiosos, el director junto al equipo de fotografía aprovecha la belleza de la isla para contextualizar la historia.
El principal tema musical es clásico y enmarca melodiosamente un par de escenas, como cuando Esteban escucha la banda sonora que va a incluir en su película como si fuera la de su propia vida.
“El ser querido” es un largometraje de festival, destinado a triunfar allá donde se presente. Sorogoyen trata de crear algo perdurable, más que de consumo instantáneo. Pero el sentido intimista va en detrimento del entretenimiento, porque le falta nervio.
Podría ser un paradigma perfecto para un curso de cine donde se estudian los planos cinematográficos, con un plano secuencia impecable, primeros planos, planos generales, medios planos y planos picados.
Las relaciones paterno-filiales, el cine, los rodajes, las conversaciones largas, los planos artísticos y la lentitud son elementos característicos de un largometraje que tiene muchos elementos inherentes y genuinos del cine.

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