La semana pasada fui al cine a ver “Primate”. Siendo San Valentín, también valoré como opción “Cumbres borrascosas”, una película cuyo género podría definirse como diametralmente opuesto, pero me apetecía más una de terror que me mantuviera pegada a la butaca.
Lucy vuelve de la universidad junto a un grupo de amigos a su casa de Hawái y se reencuentra con su padre y su hermana pequeña. También con un primate llamado Ben que convive con la familia desde que era un bebé y con el que tiene una relación estrecha. Sin embargo, Ben es mordido por otro animal con rabia y cambia su manera de actuar con los habitantes de la casa. Un grupo de adolescentes debe encontrar la forma de sobrevivir al comportamiento rabioso del primate.
Johannes Roberts dirige esta película, teniendo en su haber otras como “A 47 metros”, donde parte del protagonismo era de un depredador. Para realizar “Primate”, contó con un presupuesto inferior a 25 millones de dólares, una cantidad que se podría considerar discreta teniendo en cuenta lo que suele invertirse en otros proyectos cinematográficos análogos.
Johnny Sequoya, Jessica Alexander, Troy Kotsur, Victoria Wyant, Gia Hunter y Benjamin Chen coprotagonizan este largometraje donde su única posibilidad de salvación reside en una piscina.
El rodaje no se llevó a cabo con un primate real, sino que se usaron efectos especiales como CGI y animatrónicos, además de un actor. En ese sentido, el rodaje fue respetuoso. En cualquier caso, rodar con un primate hoy en día es casi imposible porque son animales fuertes e impredecibles, hacerlo con un actor permite elaborar una coreografía en un entorno controlado.
Si la comparo con alguna otra película de terror animal, debo admitir que esta me dio incluso más pavor, porque las escenas son cruentas, de hecho, retiré la vista varias veces.
Los primates son extremadamente sociales en muchos casos, trasladan tradiciones de padres a hijos y son auténticos ingenieros del mundo animal que tienen una gran capacidad de aprendizaje. Como ocurre en otras películas cuyos protagonistas son animales, se suelen exagerar algunos aspectos terroríficos del animal y se da una tendencia a la generalización, “si un animal es así, el resto también lo será”.
La ambientación es un aspecto atractivo del largometraje, ya que la familia vive en una mansión veraniega al borde de un acantilado, sin embargo, el rodaje no se llevó a cabo en Hawái, sino en otras ubicaciones como California o Australia.
Si os apetece ver una película de terror que incluya animales, os la recomiendo, pero teniendo en cuenta que en algunos momentos es encarnizada.
La convivencia entre animales y seres humanos, el suspense y las situaciones imprevistas destacan en este largometraje de terror.

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