“El diablo viste de Prada 2” es una historia sobre moda, revistas de moda y el sacrificado y glamuroso entorno de trabajo de una revista de moda. Estamos frente a una secuela que tiene lugar 20 años después de “El diablo viste de Prada”, un largometraje icónico y muy conocido por la mayoría de cinéfilos, y no tan cinéfilos.
En esta segunda parte, Andy Sachs (Anne Hathaway) se enfrenta a una situación que la llevará a trabajar nuevamente con su exjefa Miranda Priestly (Meryl Streep), editora de la revista de moda Runway, profundamente exigente, irónica y dura con sus subordinados. Se basa en un libro de Lauren Weisberger, que trabajó como asistente de Anna Wintour, editora jefa de Vogue.
Junto a Andy y Miranda, regresan Emily (Emily Blunt) y Nigel (Stanley Tucci). Los cuatro siguen igual que hace 20 años. Todos ellos incluso mejor, físicamente. Tienes la sensación de que el tiempo no ha pasado por ellos.
Las localizaciones son una maravilla. Nueva York sigue siendo la referencia. Hay un desfile espectacular que se desarrolla en Italia. Milán, el lago Como, etc. suben de nivel esta producción, las mansiones al lado del mar y los casoplones son de ensueño. Te sientes inmersa en el lujo.
Es un largometraje un poco coral, participan muchos actores y actrices, como Lucy Liu, Kenneth Branagh, Justin Theroux y Simon Ashley, actriz de los Bridgerton, como primera ayudante de Miranda, e incluso alguna diseñadora de moda, modelo y cantante hacen cameos, no diré quiénes para no desvelar la sorpresa.
La trama tiene paralelismo con la primera película y varias escenas hacen guiños a la primera parte. Lo que hace que te preguntes dónde está el equilibrio para mantener la esencia de la primera película sin resultar repetitiva, un objetivo que no consigue del todo, porque fácil no es. Pero hay un esfuerzo por hacer una secuela digna, una película que se puede ver sin haber visionado previamente la original. Esta segunda parte también me ha gustado, se respira el ambiente fashion y se percibe el lujo, con una clara incursión de Dior. Una invitación a la dolce vita.
“El diablo viste de Prada 2” es un largometraje más emotivo, Miranda, la jefaza, es un poco más blanda y agradecida, tiene más humanidad. Parece ser que en “El diablo viste de Prada” se recreó una oficina igualita a la de Wintour, que asistió a la première de “El diablo viste de Prada 2” vestida de Prada, demostrando sentido del humor. Al fin y al cabo, el largometraje no ha hecho más que agrandar su leyenda.
Como curiosidad, el presupuesto en vestuario de la segunda parte se triplicó con respecto a la primera, con la presencia de marcas como Loewe, Gucci y Schiaparelli. La directora de vestuario de la primera película fue Patricia Field, que había tenido gran éxito en la serie “Sexo en Nueva York” y aportó un estilo clásico cuyo valor fue mayor al millón de euros, uno de los más abultados de la época. En “El diablo viste de Prada 2”, la responsable es Molly Rogers, especialista en vestuario respetada en Hollywood, que ha buscado un toque más vanguardista, incluyendo prendas sostenibles, y diseños arquitectónicos.
El romance está presente en varios personajes, tanto para Andy como para Miranda y Emily, desde un punto de vista más maduro, o interesado, incluyendo a un mecenas. No es tan juvenil y genuino como en la primera parte, no obstante, Nate, pareja de Andy, terminó siendo un poco villano por no apoyarla en su carrera periodística de moda.
El mundo de la moda, las luchas de poder, el glamur, los vestuarios elegantes, vanguardistas y sostenibles, y el periodismo serio son temas que aparecen en “El diablo viste de Prada 2”.

Comentarios
Publicar un comentario