Realismo en estado puro, sin suavizar, sin maquillar. Nos remontamos al año 2016 y nos adentramos en la vida de Peter, un joven promotor de fiestas inmerso en la noche neoyorquina, entre fiestas desenfrenadas, drogas, diversidad sexual y de género, y personajes que buscan su lugar en un mundo tan fascinante como caótico. Diez años después, unas llamadas al móvil desde un número desconocido son la antesala de una sorpresa tan inesperada como abrumadora: Arlo, su hijo biológico, fruto de una noche de pasión con una joven inglesa que apenas es capaz de recordar entre los flashes de aquella noche nublados por las drogas. Como resultado, nos encontramos con un niño muy despierto y coherente, que provoca un giro radical en la vida del protagonista hacia una vida con más sentido, más ordenada y con rumbo definido. El amor hacia la música, la autoestima, la rehabilitación...son temas que se tocan en una película con mezcla de comedia y drama.
Jordan Firstman, además de interpretar a Peter escribe y dirige la película con gran acierto. Tiene doble mérito. Arlo está interpretado por Reggie Absolom. Cara Delevingne da vida a Sophie, amiga y socia de Peter, mientras que Diego Calva interpreta a Oscar. Juntos forman parte de una historia que mezcla noches de fiesta, relaciones complicadas y el aprendizaje de que madurar también significa aprender a cuidar de los demás.
La música original es de Cristóbal Tapia de Veer, compositor conocido por su trabajo en The White Lotus, acompaña una película en la que la cultura de club es el idioma con el que sus personajes expresan lo que muchas veces no saben decir con palabras. La electrónica, los bajos y el ambiente nocturno construyen ese contraste entre la euforia exterior y el vacío que puede esconderse detrás.
Es un largometraje realista de principio a fin. Pero al mismo tiempo, en mi opinión personal, resulta poco creíble en que Peter pase de diez años de consumo intenso y frenético de drogas y de una vida nocturna descontrolada a asumir, prácticamente de un día para otro, la responsabilidad de cuidar de un niño. La película parece pasar por alto un proceso fundamental durante el tiempo que cuida de su hijo: la rehabilitación, la recuperación y el tiempo que probablemente necesitaría Peter para reconstruir su vida y convertirse en un padre capaz de ofrecer estabilidad. El cambio resulta demasiado repentino y simplifica una realidad mucho más compleja de lo que la historia nos muestra.
“Club Kid” pertenece a la Sección Constelaciones de la Seminci, películas procedentes de otros festivales.
“Club Kid”
Sección Constelaciones

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