Las palabras vuelan a ritmo de rap en “Ruido”, la ópera prima de la directora Ingride Santos, un largometraje con el que compite en la Sección Oficial del Festival de Málaga. El rap es protagonista indiscutible de una historia donde las rimas se entremezclan con la historia de Lati, una rookie, aspirante a rapera de batalla freestyle profesional que necesita reforzar sus habilidades innatas.
Ahí es donde aparece Judy, una ex promesa del rap que no llegó a culminar su carrera. Al convertirse en la sherpa de Lati, ejerce una mentoría sobre ella que me recuerda a Miyagi con Daniel San, el famoso “dar cera, pulir cera”. Así es como empieza por entrenarla en lo básico para ir puliéndola poco a poco.
Cuando entré a ver este largometraje, la noción que tenía de él es que era sobre rap. Prácticamente era la única noción que tenía. Me la imaginaba de otra manera, no tan “seria” en el buen sentido. Las protagonistas Latifa Drame y Judith Álvarez fueron seleccionadas tras un casting en el que se entrevistaron a más de 100 raperos y organizadores de batallas. La historia personal de Lati contribuye a dar a la película un aire realista. La directora tuvo que hacer una investigación de años para lograr plasmar de una manera fidedigna el mundo de las batallas freestyle.
La ciudad de Barcelona es el escenario de las batallas de gallos, pero también México. De hecho, la película es una coproducción española y mexicana Destacan el fundido a negro tras la pelea de Judy, posterior a la batalla freestyle de Lati y el momento luces nocturnas de la ciudad. Sí, me encantan las películas de noche, ese momento me ha llevado en flashback a otro metraje protagonizado por Chris Evans titulado “Before we go” que se desarrolla a lo largo de una noche. Me encantan esas ambientaciones románticas, con las luces de ciudad de fondo, y los protagonistas paseando mientras hablan o reflexionan.
El diario íntimo de Lati, su convicción y la elección que debe hacer entre lo que le apasiona y lo que le aseguraría un futuro laboral es un punto a tener en cuenta. Sus circunstancias familiares, otro punto.
Lo que me gusta de Lati es que se enfrenta a batallas duras y sibilinas con raps ingeniosos. Lo que no me gusta, es que algunos raperos sucumben a los más bajos instintos en las batallas, intentando descalificar a su rival musical casi a cualquier precio.
Buenas actuaciones, calidad de sonido y ruido, rap y ritmo. Nunca pensé que se me saltarían las lágrimas por un rap.
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