Existen más de 300 agencias de alquiler en Japón que ofrecen servicios donde el empleado de la agencia apoya al cliente como amigo, novio o padre, por poner tres ejemplos. Lo más cercano que he visto en países occidentales es ofrecer servicios para acompañar a alguien a un evento social, comprar entradas para espectáculos o hacer la compra a otra persona. Esa idea de “familia de alquiler” es la que propugna el largometraje “Rental Family”.
La película está protagonizada por Brendan Frasier (Phillip), un actor que lleva 7 años viviendo en Japón y haciendo pequeños pinitos, papeles publicitarios y secundarios. Un día conoce a Takehiro Hira (Shinji), que le ofrece entrar a trabajar en su agencia de servicios “Rental Family”. Relacionándose con sus clientes, Phillip dejará de ser actor para convertirse en confidente.
La directora de este largometraje es Hikari, que rodó en Tokio y se documentó acudiendo a agencias de alquiler reales, entrevistó a sus trabajadores y lo plasma de manera fiel y fidedigna.
Me pareció especial la relación que Phillip establece con su “hija” que en realidad no lo es, pero constituye un vínculo que ambos necesitan para mejorar sus situaciones personales.
La ambientación tiene momentos urbanos y medioambientales. La floración de los cerezos representa la belleza efímera y la transitoriedad de las relaciones humanas de alquiler que Phillip construye a su alrededor.
Tokio es una ciudad japonesa repleta de contrastes emocionales, ruidosa y silenciosa, acelerada y contemplativa, bulliciosa y solitaria. Es una prefectura única formada por varios municipios que funciona con una armonía especial.
La banda sonora está compuesta por Jónsi y Álex Somers principalmente. La música es suave y delicada, refleja el intimismo de la película con instrumentos de cuerda, piano, guitarras procesadas con sonidos ambientales y melodías frágiles, casi susurradas.
Este largometraje tiene nociones de “Lost in Translation”, dirigida por Sofia Coppola y protagonizada por Bill Murray y Scarlett Johansson, que, al igual que el personaje de Brendan Fraser, a ratos están acompañados y en otros momentos quedan inmersos en el silencio de su soledad.
La historia no cae en el sentimentalismo ni busca la lágrima fácil, no sentí emoción hasta el punto de que me cayera alguna lágrima, las emociones que traslada son contenidas.
La soledad, la reflexión social, las costumbres japonesas y los vínculos humanos son temáticas que se reafirman en esta película.

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